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Bergman le ha dado al cine una profundidad en temas complejos como el mundo metafísico de la religión, dios, la muerte, el sentimiento de culpa y diversos mundos complejos, en los que abundan los tormentos y estados psicológicos donde late una duda existencial. Sus personajes hacen recorridos hacia su alma, hacia su propia conciencia, siempre dentro de un tono de profundo dramatismo. El trabajo de Bergman se nutre, además de su búsqueda personal, de los fuertes valores inculcados por su padre, un pastor protestante.
Su primer contacto con la expresión artística no fue con el cine, si no con el teatro. Durante la Segunda Guerra Mundial, ya lejos de su familia, comenzó como ayudante de dirección en el Teatro de la Ópera de Estocolmo. Sería entre el teatro y el cine donde encontraría los medios apropiados para expresar su complejo mundo interior y todo su potencial creativo. Claramente influido por los dramaturgos nórdicos, Henrik Visen y August Strindberg, logró introducirse en ese mundo donde se manifestaban los grandes temas que más le atraían. El debut cinematográfico se produce en 1945 con “Crisis”, pero el reconocimiento como uno de los talentos más notables del cine europeo le llegaría con sus siguientes filmes, principalmente con El séptimo sello (1956), El rostro (1957), Fresas salvajes (1958), Como en un espejo (1961) y El silencio (1963). Fresas Salvajes, además de haber logrado el Oso de Oro en Berlín y el Globo de Oro, junta a dos grandes del cine sueco y mundial: Bergman y el actor y director Victor Sjöström.
También exploró el medio televisivo y con mucho éxito. En 1973, realizó la serie “Escenas de un Matrimonio, presentada fuera de Suecia en una versión cinematográfica más breve, logrando un éxito de audiencia sin precedentes para el director.
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